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Como Llevar a Cabo el Cambio
Organizacional
April/May 1998
Margaret J. Wheatley & Myron Kellner-Rogers
Luego de tantos años de
defendernos de la vida y de buscar mejores formas de control, nos
sentamos agotados en las estructuras inflexibles de la organización
que hemos creado, preguntándonos que ha pasado. ¿ Qué pasó con la
eficiencia, la creatividad y el significado? ¿Qué nos pasó? Tratar
de cambiar estas estructuras es el desafío de nuestras vidas.
Trazamos sus futuros y los diseñamos para que lleguen a ser mejores.
Los impulsamos, los estimulamos. Sentimos miedo, probamos el
estímulo. Recolectamos herramientas, estudiamos técnicas. Utilizamos
todo lo que sabemos y no llegamos a ninguna parte. ¿Qué ha pasado?
-- De A Simpler Way, Wheatley y Kellner-Rogers
Sabemos que es posible facilitar un cambio organizacional exitoso.
Hemos sido testigos del cambio de algunas organizaciones no solo en
términos de nuevos fines, nuevos procesos, estructuras, niveles de
rendimiento, sino que simultáneamente a eso han aumentado su
capacidad para enfrentar el cambio en general. En estos sistemas,
luego del esfuerzo de cambio, las personas se sintieron más
comprometidas con la organización, con mayor confianza en su propia
contribución y más preparadas para enfrentar el cambio como una
experiencia continua.
Sin embargo, nos gustaría comenzar aceptando la historia más típica
y desalentadora que ha ocurrido a través de varias décadas de
esfuerzos de cambio organizacional. Esperamos que al reconocer esta
desalentadora información se sientan libres para considerar enfoques
muy diferentes.
En estudios recientes, los CEOs ( Directores Ejecutivos) informan
que hasta el 75% de sus esfuerzos para lograr un cambio
organizacional no han dado los resultados prometidos. Estos
esfuerzos de cambio no han producido lo que se esperaba, sin
embargo, producen una sucesión de consecuencias involuntarias y poco
útiles. Los líderes terminan manejando el impacto de los efectos no
deseados en lugar de los resultados planificados que no se
materializaron. En vez de disfrutar los frutos de una unidad de
producción rediseñada, el líder debe preocuparse de la hostilidad y
de las malas relaciones creadas por este nuevo diseño. En vez de
enorgullecerse del nuevo rendimiento producto de esta
reestructuración, el líder debe enfrentar a un grupo de
sobrevivientes agotado y desmoralizado. En vez de complacerse con un
alto precio de las acciones luego de una fusión, los líderes deben
pelear desesperadamente para obtener personas que trabajen juntas en
forma pacífica y que se lleven bien para lograr efectividad.
Se atribuyen muchas culpas en la búsqueda para entender tanto
fracaso. Una funcionaria administrativa del área de salud comenta
recientemente que:"Estamos bajo tanto stress que todo lo que hacemos
es mirar alrededor de la organización para encontrar a alguien a
quien matar" (¡ La persona que citó esto es una monja!) Ha llegado a
ser muy común decir que la gente se resiste al cambio, que la
organización no cuenta con las personas adecuadas para enfrentar el
futuro, que las personas no asumen responsabilidad por su trabajo,
que las personas son muy dependientes, que todo lo que hacen es
quejarse.
Nos gustaría detener la calumnia y la mala voluntad que esto está
creando en nuestras organizaciones. Creemos enérgicamente que las
fallas en el cambio organizacional son el resultado de ciertos
profundos malentendidos en cuanto a quiénes son las personas y qué
está pasando dentro de las organizaciones. Si podemos aclarar estos
malentendidos, la eficiencia y esperanza puede volver a nuestra
experiencia. Un cambio organizacional exitoso es posible si miramos
nuestra experiencia organizacional con "ojos nuevos".
Hay algo irónico en lo que se refiere a nuestra lucha por llevar a
cabo el cambio en las organizaciones. Participamos en un mundo donde
el cambio es lo único que existe. Nos sentamos en medio de una
continua creación, en un universo cuya creatividad y adaptabilidad
va más allá del entendimiento. Realmente, nada es igual dos veces. Y
en nuestra vida personal, nos adaptamos y cambiamos en todo momento,
y vemos esta adaptabilidad en nuestros niños, amigos, colegas.
Existen más de 100 millones de especies en la tierra, cada una
mostrando su capacidad de cambio. Sin embargo, nosotros los humanos
fracasamos en nuestros proyectos de cambio y acusamos a otros de ser
incapaces de llevar a cabo el cambio. ¿Somos nosotros la única
especie que se resigna y se resiste? O tal vez todas aquellas
criaturas simplemente tuvieron mejores programas de capacitación
sobre "Cómo enfrentar el Cambio y la Transición".
Durante muchos años, a través de nuestro propio trabajo en diversos
tipos de organizaciones, hemos aprendido que la vida es la mejor
profesora del cambio. Si entendemos cómo se organiza la vida, cómo
el mundo mantiene su diversidad interminable y su flexibilidad,
podremos en ese momento saber cómo crear organizaciones donde la
creatividad, el cambio y la diversidad existan en abundancia y se
complementen. Si cambiamos nuestro pensamiento en lo que se refiere
a organizar, podremos obtener las mismas capacidades de cambio que
vemos en todas partes, en todos los seres vivos. Sin embargo, el
mismo hecho de aprender de los procesos de la vida requiere ya un
enorme cambio.
PROCESO VIVO DE CAMBIO
Hoy en día es muy
común describir a las organizaciones como "orgánicas". Supuestamente
esto significa que ya no las vemos como máquinas, lo que fue la
visión dominante de las organizaciones, personas y del universo
durante los últimos trescientos años. Sin embargo, ¿se parecen las
actuales prácticas organizacionales a aquellas que usa la vida? ¿Se
sienten más vivos los recientes procesos de cambio organizacional?
De lo que hemos observado, "orgánico" es la nueva palabra de moda
que describe los procesos organizacionales que no han cambiado.
Estos procesos siguen siendo fundamentalmente mecánicos. En ninguna
parte se manifiesta mejor que en la forma de enfocar el cambio
organizacional.
Hace algunos años, le pedimos a un grupo de ingenieros y técnicos de
Motorola que describieran cómo lo hicieron para cambiar una máquina.
A continuación se muestra lo que describieron en un orden
consecutivo:
1. Designar a un encargado (manager)
2. Establecer un objetivo
mayor y mejor.
3. Definir los resultados
directos.
4. Determinar las medidas
5. Seccionar y Analizar el
problema.
6. Volver a diseñar la
máquina.
7. Implementar la
adaptación
8. Probar los resultados.
9. Atribuir culpas.
¿Le parece conocido? ¿No describe esto la mayoría de los proyectos
de cambio organizacional en los que usted ha estado involucrado?
Solo vemos una verdadera diferencia: en las organizaciones nos
saltamos el paso 8. Muy pocas veces probamos los resultados de
nuestros esfuerzos de cambio. Tenemos una vaga noción de los
resultados que han surgido (las consecuencias involuntarias) y
rápidamente nos damos cuenta que no son lo que planificamos o lo que
le vendimos a nuestros superiores. En lugar de ahondar en los
resultados, en lugar de aprender de esta experiencia, hacemos todo
lo que podemos para desviar la atención de este proyecto. Nos vamos
a un nuevo proyecto, anunciamos nuevas iniciativas, volvemos a
designar encargados y equipos. Evitar ser culpable se transforma en
la actividad central, en lugar de aprender de lo que sucedió. ¡No es
de maravillarse que sigamos fracasando!
La vida cambia sus formas de organización utilizando un proceso
completamente diferente. Ya que las organizaciones humanas están
compuestas por seres vivos (esperamos que esté de acuerdo con esto),
creemos que el proceso de cambio de la vida es también una fiel
descripción de cómo está ocurriendo ahora el cambio en las
organizaciones. Este proceso no puede describirse a través de
incrementos claros. Esto ocurre en las confusas estructuras de las
relaciones, las redes, que caracterizan a todos los sistemas vivos.
No existen etapas simples o loops causales fáciles. En general la
comunicación y el cambio ocurren rápidamente pero en forma
invisible, encubierto por la densidad de las relaciones recíprocas.
Si las organizaciones se comportaran como sistemas vivos, esta
descripción de cómo cambia un sistema vivo debería ser conocido para
usted.
Alguna parte del sistema (el sistema puede ser cualquier cosa, una
organización, una comunidad, una unidad comercial) observa algo.
Puede ser en un memorándum, un comentario casual, un informe
noticioso. Elige ser perturbado por eso. "Elige" es la palabra
clave, la libertad de ser o no perturbado pertenece a los sistemas
vivos. Nadie le puede decir a un sistema vivo qué le perturbará
(aunque siempre lo intentamos). Si opta por preocuparse, toma la
información y la hace circular rápidamente a través de sus redes. A
medida que circula la preocupación, otros la toman y la amplifican.
La información crece, cambia, se tergiversa, pero en todo momento
acumula más y más significado. La información puede llegar a tener
una importancia tal que el sistema no puede abordar esto en su
estado actual. Sólo después de esto, el sistema comienza a cambiar.
Por el sólo significado de la información, está obligado a abandonar
sus actuales creencias, estructuras, patrones, valores. No puede
utilizar su pasado para que esta nueva información tenga sentido. El
sistema realmente debe abandonar todo, sumergiéndose en un estado de
confusión e incertidumbre que se siente como un caos, un estado que
siempre se siente terrible. Sin embargo, luego de este quiebre, de
haber abandonado todo lo que antes era necesario, el sistema es
ahora capaz de reorganizarse en una forma nueva. Finalmente, está
abierto al cambio. Comienza a reorganizarse en cuanto a nuevas
interpretaciones, nuevos significados. Se vuelve a crear con nuevos
discernimientos sobre qué es lo verdadero y lo importante. Se
transforma en algo diferente ya que entiende el mundo de una manera
diferente. Se transforma en algo nuevo ya que se vio forzado a
abandonar lo antiguo. Y paradójicamente, como todos los sistemas
vivos, ha cambiado debido a que esto era la única forma que veía
para lograr su preservación.
Si ustedes reflexionan sobre la gran diferencia entre estas dos
descripciones relativas a cómo ocurre el cambio en una máquina y en
un sistema vivo, podrán entender la gran tarea que nos espera.
Necesitamos entender mejor los procesos por los que pasa un sistema
vivo para transformarse, y luego de entender eso, volver a analizar
todo esfuerzo de cambio que emprendemos. Nos gustaría describir más
detalladamente estos procesos que utiliza la vida y sus
consecuencias en las prácticas de cambio organizacional.
Todo ser vivo, cada microbio, cada persona, se desarrolla y cambia
debido a que tiene la libertad de crear y preservarse. La libertad
de crearse a sí mismo es la libertad fundamental de toda la vida.
Una definición actual de vida en biología dice que algo está vivo si
es capaz de autoproducirse. La palabra es autopoyesis, de la misma
raíz de poesía. Cada ser vivo es autor de su propia existencia y
sigue creándose a sí mismo a lo largo de toda su trayectoria de
vida. En el pasado, pensábamos en la libertad como una idea
política, o reflexionábamos sobre el libre albedrío como un concepto
espiritual. Sin embargo, ahora aparece en biología como una
condición de vida inalienable. La vida se da a sí misma la libertad
de llegar a existir, y sin esa libertad para crear no hay vida.
AUTOMATISMO: MÁQUINAS DE TRABAJO
En nuestras vidas y
en nuestras organizaciones, debemos responder por el hecho de que
todos requieren, como condición de su ser, la libertad para ser
autor de su propia vida. Cada persona, abierta o secretamente, lucha
para preservar su libertad de autocreación. Si no está de acuerdo
con esto, piense en sus experiencias sobre el manejo de otros, ya
sean trabajadores, niños o cualquiera. ¿Ha tenido la experiencia de
dar a otro ser humano un conjunto de instrucciones detalladas y
haber tenido éxito que éstas fueron seguidas en forma exacta, al pie
de la letra? No hemos conocido a nadie que haya tenido esta
experiencia de obediencia completa y automática hacia sus
superiores, por lo tanto, suponemos que su experiencia se asemeja
más a lo que viene a continuación. Usted le da a alguien
instrucciones claras, por escrito o en forma oral, y siempre las
cambian, aunque sea un poco. Las modifican, las vuelven a
interpretar, ignoran algunas, le agregan color o énfasis propio.
Cuando vemos estos comportamientos, si somos el jefe, nos sentimos
frustrados o indignados. ¿Por qué no pueden seguir instrucciones?
¿Por qué se resisten? ¿Por qué están saboteando mi buen trabajo?
Sin embargo, existe otra posible interpretación, es en realidad una
interpretación inevitable, si vemos esto a través del lente
interpretativo de los sistemas vivos. No estamos observando
resistencia o sabotaje o estupidez. Estamos observando el hecho que
las personas necesitan estar involucradas en forma creativa en su
trabajo. Vemos que las personas practican para ellas mismas su
inalienable libertad. Toman nuestro trabajo y lo vuelven a crear
como si fuera su trabajo. Y ninguno de nosotros puede detener a
nadie en este proceso de volver a crear, de modificar, de ignorar y
de cambiar las órdenes. El precio que pagamos por una obediencia
perfecta es que perdemos la vitalidad, literalmente perdemos aquello
que nos da vida. Nos sometemos a las instrucciones de otro como si
estuviéramos muertos. Terminamos desanimados, enemistados y sin
vida. Y luego nuestros superiores se preguntan por qué terminamos
tan mal.
Pueden pensar que esto es una visión muy optimista de lo que está
sucediendo en las organizaciones, ya que indudablemente ustedes
pueden mencionar a aquellas personas a su alrededor que no
manifiestan deseos creativos y que sólo desean que se les diga que
hacer. Pero, observen su comportamiento más atentamente. ¿Es tan
robótico como parece? ¿Son realmente pasivos o pasivos agresivos
(sólo otro término para decir cómo otras personas afirman su
creatividad)? ¿Cómo son sus vidas fuera del trabajo? ¿Cuán compleja
es su vida privada que afrontan a diario?
Veamos la historia humana. Una y otra vez se hace presente el
indomable espíritu humano que lucha contra todas las formas de
opresión. Sin importar cuan terrible sea la opresión, los seres
humanos encuentran la forma de imponerse. Ningún sistema de leyes o
normas nos mantendrá reprimidos; ninguna instrucción nos puede decir
exactamente cómo debemos actuar. Siempre pondremos algo de nosotros,
siempre agregaremos nuestra firma inimitable a la situación. Si los
líderes nos llaman innovadores o rebeldes, depende de la comprensión
que tengan de lo que está sucediendo.
La inalienable libertad que uno tiene para crear su propia vida se
muestra en otras áreas conocidas de las organizaciones. Las
personas, como el resto de la vida, mantienen la libertad para
decidir qué observar. Elegimos lo que nos perturba. No es la
cantidad o frecuencia del mensaje lo que nos hace prestar atención.
Si es importante para nosotros, lo advertimos. Todos hemos preparado
una presentación, un informe, un memorándum, sobre un tema
específico, ya que sabíamos que ese tema era crítico. No poder
abordarlo tendría serias consecuencias para nuestro grupo u
organización. Sin embargo, cuando presentamos el tema, no nos
recibieron con entusiasmo y agradecimiento, pero sí con cortesía o
desinterés. El asunto no llegó a ninguna parte. Otros lo dejaron de
lado y abordaron lo que creían era importante. A menudo cuando
tenemos esta experiencia, interpretamos su desinterés como una falla
en la comunicación, por tanto, volvemos a escribir el informe,
desarrollamos una mejor gráfica, creamos un estilo de presentación
más interesante. Sin embargo, nada de esto importa. Nuestros colegas
no responden porque no comparten nuestra opinión que esto es
importante. Esto es fracaso en el sentido de no encontrar una
importancia compartida, no una falla en la comunicación. Han
practicado su libertad y han elegido no ser perturbados.
CUATRO PRINCIPIOS
DE ALINEACIÓN NATURAL
Si entendemos que esta libertad esencial para crearse a uno mismo
está funcionando en las organizaciones, no sólo podemos volver a
interpretar los comportamientos en forma más positiva, sino que
podemos empezar a reflexionar sobre cómo trabajar con esta gran
fuerza en lugar de lidiar con las consecuencias de ignorar su
existencia. Nos gustaría realzar cuatro importantes principios para
que pongan en práctica.
La participación No es una opción
Primero, cuando pensamos
en las estrategias para un cambio organizacional, es necesario que
recordemos lo siguiente: La participación no es una opción. No
tenemos otra opción que invitar a las personas a un proceso donde
vuelvan a pensar, vuelvan a diseñar y reestructuren la organización.
Ignoramos la necesidad de las personas de participar a riesgo
propio. Si están involucradas, crearán un futuro donde estarán
incluidas. No tendremos que entrar en las imposibles y agotadoras
misiones como venderles la solución, o que se embarquen con nosotros
o inventar estímulos que pueden llevarlos a comportamientos sumisos.
Durante los últimos cincuenta años, ha circulado mucha sabiduría en
el campo del comportamiento organizacional: las personas apoyan lo
que han creado. Al observar cómo se organiza la vida, volveríamos a
decir esta máxima: las personas solo apoyan los que han creado. La
vida insiste en su libertad para participar y nunca podrá aceptar
los planes de otro.
Luego de muchos años de lucha con los procesos participativos,
pueden escuchar que la participación no es una opción parecida a la
pena de muerte que deba evitarse a todo costo. Sin embargo, los
hemos estimulado a pensar dónde han invertido principalmente su
tiempo en los proyectos de cambio. Si no fueran ampliamente
participativos, (y nuestra definición de ampliamente significa
buscar la forma de embarcar a todo el sistema a través del tiempo),
qué cantidad de su tiempo gastaron en manejar los efectos
involuntarios creados por las personas que se sentían excluidos o
ignorados? ¿Cuántos de sus esfuerzos se destinaron a vender una
solución que usted sabía que nadie quería realmente? ¿Cuánta energía
gastó en volver a diseñar el rediseño luego que la organización le
mostró sus evidentes omisiones, causadas por la falta de compromiso
en el primer rediseño?
De acuerdo a su experiencia, se crean grandes luchas con la
implementación cada vez que planteamos cambios en la organización,
en lugar de ver cómo involucrar a las personas en su creación. Es
probable que estas luchas sean más desgastadoras y propensas al
fracaso que aquellas con que nos enfrentamos al tratar de
comprometer a toda una organización. Una y otra vez hemos visto que
la implementación se mueve con mucha velocidad entre las personas
que han estado comprometidas en el diseño de aquellos cambios.
Sin embargo, todos sabemos esto, ¿verdad? Sabemos que cuando las
personas están comprometidas en descifrar el futuro, en los
difíciles y complicados procesos de participación, están
simultáneamente creando las condiciones (nuevas relaciones, nuevos
discernimientos, mayores niveles de compromiso), esto facilita una
implementación más rápida y completa. Sin embargo, debido a que los
procesos participativos parecen tomar más tiempo y a veces nos
agobian con la complejidad de las interacciones humanas, muchos
líderes buscan las soluciones de grupos pequeños, que posteriormente
se entregarán a toda la organización. Esperan confiados en que esto
resultará; esto haría la vida mucho más fácil. Sin embargo, la vida
no va a permitir que esto funcione, las personas siempre se
resistirán a esas imposiciones. La vida, todo lo de la vida, insiste
en la participación. Podemos trabajar con esta obstinación y
utilizarla para comprometer la creatividad y el compromiso de las
personas, o podemos seguir ignorándola y gastar gran parte de
nuestro tiempo en lidiar con las consecuencias negativas.
La Vida Siempre Reacciona
ante las Ordenes, Nunca Las Obedece.
Un segundo
principio también se deriva de la necesidad de participación de la
vida: La vida siempre reacciona ante ordenes, nunca las obedece. No
importa cuán claro o visionario o importante sea el mensaje. Sólo
puede producir reacciones, no un acatamiento directo. Si reconocemos
que este principio siempre ocurre en todas las organizaciones,
cambia las expectativas de lo que se puede lograr cada vez que nos
comunicamos. Podemos esperar tan diversas reacciones como la
diversidad de individuos que escuchan esto. Por lo tanto, todo lo
que decimos o escribimos es solamente una invitación para que otros
se involucren con nosotros, para que piensen con nosotros. Si
ofrecemos nuestro trabajo como una invitación para que reaccionen,
esto cambia nuestras relaciones con los socios, subordinados y
superiores. Nos abre a las relaciones entre personas, algo que la
vida anhela. La vida sólo acepta "socios", no jefes.
Este principio afecta especialmente el comportamiento de los
líderes. En lugar de buscar a los desleales, o de repetir y repetir
las órdenes, ella o él, se dan cuenta que hay mucho que aprender de
las reacciones. Cada reacción refleja una percepción diferente de lo
que es importante, y si esa diversidad se analizara, la organización
desarrollaría un mejor entendimiento de lo que está pasando. La
capacidad de aprendizaje y crecimiento se expande a medida que las
preocupaciones relativas a la lealtad o sumisión disminuyen.
A medida que los líderes comienzan a explorar la diversidad de cada
grupo pequeño de personas, la vida les pide a ellos algo más. Nunca
dos reacciones serán iguales: nunca dos personas o dos eventos serán
iguales. Los líderes deben abandonar todo deseo que hayan tenido de
repetir lo mismo o hacerlo exactamente igual, ya sea referente a
personas o procesos. Incluso en las industrias excesivamente
reglamentadas o enfocadas a procedimientos muy minuciosos (como
plantas de energía atómica, hospitales y una gran cantidad de
fábricas), si las personas sólo repiten los procedimientos en forma
descuidada, dichos procedimientos a la larga fallarán. Los errores y
tragedias en estos ambientes dan testimonio de los efectos de los
comportamientos sin vida propia. Sin embargo, estos procedimientos
sin vida son una respuesta predecible de los procesos que requieren
repetición, en lugar de un compromiso personal en el proceso. Esto
no es en absoluto una sugerencia para que abandonemos los
procedimientos o la estandarización. Sin embargo, es muy importante
observar que no existe algo así como un procedimiento a prueba de
humanos. Debemos realzar el hecho de que las personas siempre
necesitan incluirse en el desarrollo de un procedimiento. Lo pueden
lograr entendiendo el razonamiento que existe detrás del
procedimiento, o sabiendo que están autorizados para modificarlo si
cambian las circunstancias. Todos necesitamos ver que hay espacio
suficiente para nuestro aporte, para nosotros y de que forma se
lleva a cabo nuestro trabajo.
Y nuevamente, la vida no nos da muchas opciones aquí. Aunque
insistamos en la obediencia, no la lograremos por mucho tiempo, y
sólo la obtenemos al costo de lo que más deseamos, lealtad,
inteligencia y sensibilidad.
NO VEMOS LA "REALIDAD" - Cada uno Crea su Propia interpretación
de Lo que es Real
l Un tercer
principio derivado de la vida es: No vemos La Realidad. Cada uno
crea su propia interpretación de lo que es real. Vemos el mundo a
través de lo que somos, o como lo dijo el poeta Michael Chitwood: lo
que usted ve llega a ser su vida. Ya que no existen dos personas
iguales, nunca dos personas tienen la misma interpretación de lo que
ocurre. Sin embargo, en el trabajo y en el hogar actuamos como si
otros vieran lo que nosotros vemos y le damos el mismo significado a
los acontecimientos que nosotros. Nos sentamos en una reunión y
vemos que algo pasa, y suponemos que la mayoría de las personas en
la sala, o al menos aquellos en los que confiamos, vieron lo mismo.
Incluso podemos involucrarlos en alguna conversación rápida que
pareciera confirma nuestro sentido de unanimidad.
¿Vieron lo que pasó ahí?
Sí, lo sé, no podía creer
lo que estaba viendo.
¡En serio!
Sin embargo, si nos detenemos a comparar más, rápidamente
descubriremos diferencias importantes y útiles en lo que vimos y
cómo interpretamos la situación.
A medida que trabajamos con este principio, nos damos cuenta que
discutir sobre quién está en lo correcto y quién está equivocado es
una pérdida de tiempo. Si nos comprometemos con los colegas a
compartir percepciones, si esperamos e incluso buscamos que exista
gran diversidad de interpretaciones que existen, aprendemos y
cambiamos. El biólogo Francisco Varela, redefinió la inteligencia
organizacional. Dijo que no era la habilidad para resolver problemas
lo que hace que una organización sea inteligente. Es la habilidad de
sus miembros para entrar a un mundo donde comparten su importancia.
Si todos en el grupo piensan que lo que está sucediendo es
importante (incluso aunque tengan diferentes perspectivas), no
tienen que convencer a los otros. Pueden actuar: en forma rápida,
creativa y en conjunto.
Sólo se logra entrar a un mundo de importancias compartidas, hasta
donde lo hemos visto, involucrándose en conversaciones con los
colegas. Ni debates, ni oratorias, sino conversaciones que acogen la
perspectiva única de cada uno de ellos. Si mantenemos la curiosidad
por lo que el otro ve, y no intentamos convencerlo de nuestra
interpretación, desarrollamos una mejor visión de lo que está
ocurriendo. Además, también creamos relaciones de conjunto que nos
permiten trabajar juntos a mayor velocidad y eficiencia.
Cuando cualquiera de nosotros se siente invitado a nuestra
perspectiva, compensamos ese respeto y confianza con compromiso y
amistad.
Y se hace evidente una paradoja muy importante. No tenemos que estar
de acuerdo en una interpretación ni tener los mismos valores para
estar de acuerdo en lo que se debe hacer. No necesitamos aceptar el
menor mínimo común denominador ni perder horas y horas a favor de
nuestra solución ya decidida de antemano. A medida que nos sentamos
juntos y escuchamos tantas perspectivas diferentes, nos salimos de
nuestro encasillamiento y nos abrimos a nuevas formas de pensar.
Hemos permitido que estas nuevas perspectivas nos inquieten y hemos
cambiado. E inesperadamente, esto nos permite llegar a un acuerdo
sobre un curso de acción acordado y también apoyarlo sinceramente.
Esta paradoja es contraria a cómo hemos tratado de alcanzar un
consenso de grupo, sin embargo tiene sentido desde una perspectiva
de un sistema vivo. Todos necesitamos participar, y cuando se nos da
esa oportunidad, en ese momento deseamos trabajar con otros. Hemos
entrado a un mundo donde la importancia es algo que todos
compartimos, y debido a ese proceso, hemos desarrollado una gran
energía para decidir juntos que paso dar.
Para Crear un Sistema Vivo más sano, conéctelo más a él mismo.
El cuarto principio
de la vida es la mejor receta que hemos encontrado para pensar en
los esfuerzos de cambio organizacional. Para crear un sistema vivo
más sano, conéctelo más a él mismo. Cuando un sistema está fallando,
o con bajo rendimiento, se encontrará la solución dentro del sistema
si se crean más y mejores conexiones. Un sistema con fallas necesita
comenzar a hablarse a si mismo, especialmente a aquellos que ni
siquiera saben que son parte de éste. El valor de esta práctica fue
muy evidente al comienzo de la revolución del servicio al cliente,
cuando hablar con los clientes y trabajar con la información que
ellos proporcionaban llegó a ser un importante método para estimular
a la organización a alcanzar nuevos niveles de calidad. Sin la
inclusión del cliente y sin su feedback, los trabajadores no pueden
saber qué cambiar o cómo efectuar dichos cambios. Los estándares de
calidad se elevaron drásticamente desde que los clientes han estado
conectados al sistema.
Este principio comprende un profundo respeto por los sistemas. Dice
que son capaces de cambiarse ellos mismos cuando se les ha
proporcionado más y nueva información. Dice que tienen una tendencia
natural a moverse hacia un mejor funcionamiento o salud. Supone que
el sistema ya tiene el grado de experiencia que necesita. También
este principio implica que la tarea crítica para un líder es
aumentar la cantidad, variedad y fortaleza de las conexiones dentro
del sistema. El ingresar miembros alejados o extraños, el
proporcionar acceso a través del sistema y mediante esas conexiones
estimular la creación de nueva información, ha llegado a ser una de
las principales tareas para fomentar el cambio organizacional.
ORGANIZAR LA COMPLEJIDAD
Estos cuatro principios entregan una clara visión de cómo, dentro de
nuestras organizaciones, podemos trabajar con la tendencia natural
de la vida para aprender y cambiar. Como a todos se nos enseñó en
una publicidad hace muchos años atrás, no podemos hacer lesa a la
Madre Naturaleza. Si insistimos en desarrollar procesos de cambio
organizacional aptos para máquinas e ignoramos la imperativa de la
vida de participar en la creación, luego sólo obtendremos más y
costosas fallas.
Aquí hemos tenido especial cuidado en declarar principios en lugar
de técnicas o métodos a seguir paso a paso. Esto es para mantener
nuestro entendimiento sobre cómo se organiza la vida. Las
organizaciones que la vida crea son altamente complejas. Están
llenas de estructuras, normas de comportamiento, vías de
comunicación, estándares y responsabilidades. Sin embargo, toda esta
complejidad se obtiene mediante un proceso de organización muy
simple, y que exalta la necesidad individual de crear. La
complejidad de un sistema vivo es el resultado de decisiones libres
de los individuos relativas a cómo interpretar mejor ciertos
principios o patrones que son lo medular de ese sistema. Estos
patrones simples de comportamiento no son negociables y no pueden
ignorarse. Sin embargo, cómo son interpretados depende de la
circunstancia inmediata y de los individuos que se encuentren en esa
circunstancia. Cada uno es responsable de los patrones, pero cada
uno es libre de comprometer su creatividad para descifrar lo que
esos patrones significan. Este proceso de organización realza la
libertad individual, compromete la creatividad e individualidad, y
sin embargo, logra simultáneamente una organización coherente y
metódica.
De estos patrones simples surgen las organizaciones complejas. Las
estructuras, normas y redes de comunicación se desarrollan a partir
de las interacciones constantes entre los miembros del sistema, a
medida que interpretan los patrones en las cambiantes
circunstancias. Los individuos toman decisiones sobre la mejor forma
de abordar los patrones, y surge una organización. Aparecen formas
organizacionales sofisticadas, sin embargo estas formas siempre se
materializan desde el interior hacia afuera. Nunca se imponen desde
el exterior hacia el interior.
En las organizaciones humanas, hemos gastado muchos años
determinando los detalles de la organización, sus estructuras,
valores, canales de comunicación, visión, estándares, medidas.
Dejamos que los expertos o líderes diseñen esto, y luego creamos
estrategias de cómo lograr que sean aceptadas por la organización.
Los sistemas vivos tienen todas estas características y detalles,
sin embargo, se originan en forma diferente desde el interior del
sistema. Cuando pensamos en las organizaciones como sistemas vivos,
no necesitamos descartar nuestra preocupación por cosas como
estándares, medidas, valores, estructuras organizacionales y planes.
No necesitamos dejar de lado ninguna de estas cosas. Pero sí
necesitamos cambiar nuestras creencias y comportamientos relativos a
la procedencia de estas cosas. En un sistema vivo, éstas se generan
desde su interior, en el transcurso para resolver qué funcionará
bien en la actual situación. En una máquina, donde no existe la
inteligencia o la energía creativa, estas características se diseñan
en forma externa y luego se programan o se construyen en su
interior. Podemos discernir fácilmente si estamos abordando a
nuestra organización como un sistema vivo o como una máquina
preguntando lo siguiente: ¿Quién logra crear algún aspecto de la
organización? Sabemos que necesitamos estructuras, planes, medidas,
sin embargo, ¿quién crea esto? La fuente de origen o el autor es lo
que hace la diferencia. Las personas sólo apoyan lo que ellos han
creado.
El año pasado conocimos a un director de educación media quien nos
dio un gran ejemplo de creación de un sistema complejo y ordenado a
partir de unos pocos patrones simples. Él es responsable de
ochocientos adolescentes, entre los doce y catorce años. La mayoría
de los administradores de colegios le temen a grupos de esta edad e
imponen muchas normas y procedimientos para intentar controlar las
caprichosas tendencias de los adolescentes. Sin embargo, sus cursos
medios funcionaban con tres normas, y sólo tres normas. Todos, los
estudiantes, profesores, personal, conocían las normas y las
utilizaban para enfrentar todas las situaciones. Las tres normas son
muy simples:
1. Cuídese usted mismo.
2. Cuide a los otros.
3. Cuide este lugar.
(A medida que reflexionamos sobre estas normas, hemos llegado a
creer que son todo lo que necesitamos para crear un mundo mejor, no
sólo un colegio de educación media).
Pocos de nosotros creerán que se puede crear un grupo de
adolescentes ordenados, y mucho menos un buen ambiente de
aprendizaje, a partir de dichas normas tan simples. Sin embargo el
director contó una historia de cuán eficaces eran estas tres normas
para crear un colegio que funcione bien. Se produjo un incendio en
un closet y los 800 estudiantes tuvieron que ser evacuados. Se
pararon afuera bajo una lluvia torrencial hasta que pudieron volver
al edificio. El director fue el último en entrar, y dice haber sido
saludado por 800 pares de zapatos mojados alineados en el pasillo.
Los principios definen lo que hemos decidido que es importante para
nosotros como comunidad u organización. Contienen nuestros acuerdos
sobre lo que advertiremos, lo que nos perturbará. En el caso de
estos estudiantes, los zapatos mojados y el piso con barro fue algo
que notaron rápidamente, algo que les perturbó porque ya habían
acordado cuidar este lugar. Luego, ellos actuaron libremente para
crear una respuesta que tuviera sentido para ellos en esta
circunstancia única.
EL LABORATORIO VIVO DEL CAMBIO ORGANIZACIONAL
Al decidir
qué enfatizar en este artículo, sabíamos que ustedes requerían más
libertad que estos estudiantes para diseñar procesos de cambio
organizacional que funcionen bien en su especial situación. Por lo
tanto, decidimos entregarles principios para trabajar, principios
que creemos funcionan con la gran capacidad que tiene la vida para
cambiar. Como en todos los principios, una vez que se han acordado,
necesitan ser seriamente considerados. Son los estándares que
acordamos para mantenernos responsables. Sin embargo, los principios
claros proporcionan estándares para nuestros esfuerzos, nunca
describen los detalles de cómo hacer algo. No restringen nuestra
creatividad, simplemente guían nuestros diseños y crean coherencia
entre nuestros diversos esfuerzos. Su claridad sirve como una
invitación para ser creativos. Piensen en cuántos enfoques
diferentes y técnicas pueden crear que serán congruentes con los
cuatro principios que mencionamos. ¿Cuántas diferentes formas de
práctica pudieron materializarse a medida que las personas en sus
organizaciones inventaron procesos de cambio que exaltaban estos
principios?
Dos procesos de cambio no necesitan ser iguales. De hecho esto es un
imposible, ninguna técnica se materializa dos veces igual. Nada se
transfiere sin cambio. (Si ocurre, no estarían luchando con el tema
del cambio organizacional. Podrían haber encontrado lo que funcionó
bien en otro lugar y haberlo introducido exitosamente). Sin embargo,
si nos mantenemos responsables frente a estos principios, podemos
crear nuestros propios procesos de cambio, confiados de que estamos
trabajando con la vida en lugar de negarla. Habríamos sido guiados
por estos principios para crear procesos que aprovechan la
creatividad y el deseo de contribuir que reside en la en la gran
mayoría de las personas en nuestras organizaciones.
Nos gustaría invitarlos a experimentar con este enfoque y estos
cuatro principios. Como es con todos los buenos experimentos, esto
no solo significa que probarán algo nuevo, sino que vean que pasa y
aprendan de los resultados. Una buena experiencia es un proceso de
constante mejoramiento, realizando modificaciones a medida que se
obtienen resultados, tratando de descubrir cuál es la causal de los
efectos resultantes. Por lo tanto, para lo que deseen emprender, les
pedimos que observen cuidadosamente, que pongan muchos "ojos" a
observar, y que arreglen lo que sea necesario a medida que avanzan.
Un experimento que deberían realizar es entregar estos cuatro
principios a un equipo de diseño de proyectos, ya sea a uno que está
empezando o a uno que está tratando de salvar un proceso de cambio
que no funciona bien. Vean qué pueden crear a medida que se hacen
responsables de estos principios. Anímelos a pensar, a través de la
aplicación de estos principios con muchos otros de la organización.
Experimente con un diseño que sea congruente con los principios, y
una vez que este diseño esté funcionando, observe cuidadosamente
dónde hay que realizar modificaciones o cambios. Tome esto como un
experimento en lugar de una solución perfecta.
Se puede realizar un segundo experimento en toda reunión, fuerza de
trabajo o evento de su organización. Este experimento requiere la
formulación de ciertas preguntas. Cada pregunta da paso a una
investigación. Hemos aprendido que si las personas contestan en
forma consciente estas preguntas, se concentran en temas críticos
tales como los niveles de participación, compromiso y diversidad de
perspectivas. Aquí les entregamos cuatro preguntas que creemos son
de utilidad:
1. ¿ Quién más debería estar aquí?
2. ¿ Qué acaba de suceder?
3. ¿ Podemos hablar?
4. ¿ Quiénes somos ahora?
La simpleza de estas preguntas puede llevarlos a creer que no son
suficientes o importantes, sin embargo, piensen en los tipos de
investigación que sugieren. Cada vez que preguntamos ¿Quién más
debería estar aquí?, debemos observar el sistema de relaciones
relativo al tema en cuestión. Deseamos saber quién falta, y mientras
antes nos demos cuenta, más rápido podremos incluir a las personas
que faltan. Esta pregunta nos ayuda a ampliar la participación en
forma gradual y cuidadosa, como resultado de lo que hemos aprendido
sobre el tema y la organización. Es un método extremadamente simple,
pero muy poderoso para llegar a ser buenos sistemas, pensadores y
organizadores.
De igual manera, la pregunta ¿Qué acaba de suceder? nos lleva a
aprender de nuestra experiencia. Ya que los sistemas vivos siempre
reaccionan, pero nunca obedecen, esta pregunta nos conduce a lo que
deberíamos saber si vemos las reacciones emergentes. La pregunta nos
aleja de la culpabilidad, abriéndonos la posibilidad de aprender más
sobre quién es este sistema y que atrae su atención.
Cuando preguntamos, ¿Podemos hablar?, estamos reconociendo que otros
perciben el mundo en forma diferente que nosotros. Imagínense
abandonar una típica reunión donde las batallas de ego predominan.
En vez de asumir una postura, enojarse o politiquear, por qué no nos
acercamos a las personas con las que estamos en desacuerdo y les
preguntamos si podemos hablar con ellos. ¿Qué pasa si estamos
realmente interesados en ver el mundo desde la perspectiva de ellos?
¿Nos permitirá esto trabajar juntos en forma más eficiente?
¿Quiénes somos ahora? Es una duda que nos mantiene analizando cómo
nos estamos creando a nosotros mismos, no a través de palabras e
informes de posición, sino a través de nuestras acciones y
reacciones momento a momento. Todos los sistemas vivos llegan a la
existencia que tienen por lo que eligen anotar y cómo eligen
responder. Esto también es verdadero en las organizaciones humanas,
de modo que necesitamos reconocer que estamos constantemente creando
la organización a través de nuestras respuestas. Para controlar
nuestra propia evolución, necesitamos formular esta pregunta en
forma regular. Sin ese control, podemos sorprendernos al darnos
cuenta quiénes hemos llegado a ser mientras no estábamos observando.
Y para las organizaciones que establecen algunos patrones
esenciales, como el director de educación media, todos necesitan
periódicamente revisar cómo lo están haciendo. Los individuos y
grupos, ¿están incorporando los patrones? Y estos patrones, ¿ayudan
a que la organización sea lo que las personas esperaban cuando se
crearon estos patrones?
Sin embargo, las preguntas requieren que seamos ordenados en su
formulación, una disciplina que practicamos muy poco. Sin importar
cuán simple sean estas preguntas, a menudo las pasamos rápidamente.
Nos sentimos obligados a actuar en lugar de investigar. Sin embargo,
ahora muchos de nosotros en las organizaciones deseamos cambiar esta
historia de actuar, actuar, actuar, lo que ha llevado a poco
aprendizaje y mucha pérdida de energía. Todas las otras formas de
vida permanecen atentas y sensibles, aprenden en forma tan continua
que el escritor científico, James Gleick, menciona que la Vida
aprendió sola sobre la existencia. El físico y autor, Fritjof Capra,
declara que no hay diferencia entre vivir y aprender. Un sistema
vivo es un sistema que aprende. Si en nuestras organizaciones no nos
concentramos seriamente en aprender, no hay forma de que podamos
transformarlas en algo vivo.
A través de todo este artículo, hemos enfatizado la libertad para
crear que la vida necesita. Esperamos que se sientan inspirados a
practicar su libertad y creatividad para experimentar algunas de las
ideas, principios y preguntas que he mencionado. Necesitamos los
mejores juicios de todos y los experimentos más valientes si vamos a
crear un futuro merecedor.
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