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Hacia un orden sustentable
En
el futuro las empresas deberán asumir un compromiso
social mayor y desarrollar una conciencia ecológica
paralela a sus interes económicos, dijo en
Expomanagement 2002 el autor del concepto "la
organización viviente", Peter Senge.
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Quizá el rasgo que más distingue a Peter Senge, autor
de "La Quinta disciplina" y "La danza del
cambio" sea el profundo contenido humano de sus
postulados. En especial, el que se refiere al concepto
de la organización viviente, según el cual las
empresas son un ente emotivo y orgánico en constante
evolución. Por tanto, no es casual que Senge le diera
un profundo sentido humano a su ponencia en
ExpoManagement 2002.
De entrada, Senge disparó a los 5000 ejecutivos
reunidos en el Congreso de ExpoManagement 2002 una
advertencia: el mundo en el que habitamos es similar a
una "burbuja". Así como durante el boom de
Internet los que estaban fuera de la burbuja sabían que
existía y que podía explotar, hoy estamos frente a
otra "burbuja" en la que no se presta
suficiente atención a la brecha social cada vez más
amplia y la falta de conciencia ecológica. Tal como
ocurrió con Internet, la pregunta no es si la burbuja
va a explotar ahora o no, sino cómo va a explotar y qué
tan graves serán sus efectos sobre nuestras vidas.
Senge desarrolló su disertación en torno a cinco fenómenos
que, a su juicio, definen el espíritu de una época
caracterizada por la poca sustentabilidad de su
crecimiento:
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1)División social: La brecha social que separa a
las personas crece cada vez más, y el impacto que esto
tendrá en el mundo de los negocios será de dimensiones
catastróficas. A menos que las grandes corporaciones
comprendan que "primero somos humanos, y después
managers" --y realicen los cambios de filosofía
pertinentes en su explotación de la mano de obra--, se
podrá aspirar a un crecimiento que no atente contra
nuestra propia existencia. La mejor manera en que los líderes
de una empresa pueden ayudar a eliminar la grieta social
es confiando en el talento de la gente, lo que implica
ser inclusivos y tolerantes hacia la diversidad.
2)Desperdicio ecológico: Cualquier niño de
cinco años lo sabe: una vez que un bote de basura está
lleno, no se pueden depositar más desperdicios. Los líderes
del mundo, sin embargo, parecen haber olvidado esta
premisa básica, y continúan explotando depositando los
restos del crecimiento económico en el planeta. No se
ha tomado aún conciencia de que poco más del 90% de lo
que desechamos diariamente está compuesto de material
no reciclable. Es más, se ha creado una falsa
disyuntiva entre ecologistas y corporativos: darle la
razón a los defensores del medio ambiente y dejar de
crecer, con la consiguiente muerte económica que esto
implica, o apoyar a los empresarios y aceptar la virtual
aniquilación ecológica. En realidad, el crecimiento
responsable no solamente es posible, sino que ya está
siendo apoyado con éxito por diversas empresas que
buscan generar opciones alternativas de energía.
3) Falta de oportunidades de realización humana en
el trabajo: Las estructuras sociales aún
privilegian una cultura del liderazgo en la que se
concibe al jefe como una persona autoritaria y
limitadora. Peor aún, la mayoría de la gente cree que
para avanzar en la vida laboral es imperativo pasar por
encima del superior. Hay un fenómeno posmoderno que
ilustra a la perfección esta dinámica: los niños de más
de 10 años de todo el mundo que poseen videojuegos
saben que para avanzar a un nivel mayor en los juegos de
combate el mejor consejo es: "mata al jefe"
4) La "era del conocimiento" es aún una
falacia: Está de moda calificar a nuestra época
como la era del conocimiento o la era de la información.
Consciente o inconscientemente todavía vivimos en la
era industrial; poseemos valores de la era industrial y
el grueso de nuestros trabajos responden a necesidades
de la era industrial. Ejemplo: en cualquier parte del
mundo, la educación básica o primaria aún consiste en
seis grados, que fueron diseñados en la era industrial
para enseñarnos a vivir con éxito en un orden
mecanizado. Si realmente estuviesemos inmersos en una
nueva "era del conocimiento", las estructuras
educativas tendrían que experimentar una redefinición
que las orientara hacia un orden diferente.
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La memoria del agua
Para Senge, todos los elementos del mundo son
"organizaciones vivientes", susceptibles de
absorber la carga emotiva e intelectual de las personas.
En aras de ilustrar esta aseveración, se refirió a los
experimentos del científico japonés Masaru Emoto.
Durante más de 12 años, Emoto se dedicó a investigar
lo que denominó como "la memoria del agua",
una hipótesis que sostiene que el agua, al ser un
compuesto orgánico, es capaz de registrar sensaciones y
sentimientos. El científico se dedicó estudiar los
cristales que forma el agua cuando se la somete a un
proceso de congelamiento. Al observar los cristales bajo
un microscopio, Emoto descubrió que el líquido tomado
de ríos tranquilos formaba figuras geométricas y
coloridas, mientras que los cristales de las aguas más
turbulentas eran amorfos.
Los experimentos se tornaron más sorprendentes cuando
Emoto descubrió que el agua almacenaba información. Si
se tocaba música de Bach mientras el agua se congelaba,
las figuras simétricas se tornaban más complejas y
hermosas; si la música era disonante, por el contrario,
los cristales adoptaban formas más agresivas y
salvajes. En enero de 1995, cuando un terremoto sacudió
la ciudad de Kobe, los cristales de agua del lugar
mostraban figuras que evocaban angustia y desesperación.
En opinión de Senge, el trabajo de Emoto, es la
perfecta alegoría de las organizaciones: si depositan
conocimiento, buena voluntad y ánimo de cambio, las
empresas, al igual que un organismo viviente, terminarán
por adoptar un diseño geométrico que convierta al caos
en un orden sostenible.

©
Intermanagers.com, 2002
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