RIESGO PAÍS = ALTO RIESGO HUMANO
Dr. Eduardo
Press*
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La incertidumbre, la falta de
perspectivas, la imprevisibilidad, la dificultad de
desarrollar proyectos, la demora en el cumplimiento de
los planes, son experiencias que horadan el estado
anímico de las personas que trabajan en las
empresas. | |
La instalación del concepto riesgo
país como una variable que el común de las personas
empezamos a tener en cuenta diariamente para evaluar “como estamos”
es de altísimo riesgo para la salud de las
personas.
Además de que los argentinos hemos descubierto un tema
más (como si hiciera falta) por el cuál atormentarnos, el propio
nombre ya nos pone en guardia de que algo malo nos va a suceder. Es
cierto que nos puede pasar algo malo. Pero cuando uno
permanentemente está pensando que algo malo le va a ocurrir,
finalmente le ocurre. Esto en la teoría se llama profecía
autocumplida.
Muchos han escrito y han debatido sobre la
desocupación y sus terribles consecuencias sociales. ¿Qué sucede con
aquellos que todavía conservan su trabajo? La situación es dramática
y trae severas consecuencias.
La incertidumbre, la falta de perspectivas, la
imprevisibilidad, la dificultad de desarrollar proyectos, la demora
en el cumplimiento de los planes, son experiencias que horadan el
estado anímico de las personas que trabajan en las empresas,
cualquiera sea el nivel jerárquico. Por supuesto la intensidad es
mayor para aquellos que menos ganan o tienen menos respaldo.
¿Qué quiere decir horadar el estado anímico? Quiere
decir cortar las bases internas de sustentación a toda actividad
humana. Estas bases son biológicas y psicológicas. Las sustancias
que circulan por nuestro organismo son similares a las que circulan
en momentos de peligro (¡que varias veces por día la radio, la
televisión y los diarios nos informen si sube o baja el riesgo país
crean un estado de peligro permanente!), con la diferencia que en
estas circunstancias las respuestas naturales al peligro, la huida o
el ataque, están coartadas. Esto hace que toda la reacción se vuelva
contra el propio organismo.
Cuáles son los síntomas: dolores de cabeza, problemas
digestivos, dificultades respiratorias, alteraciones del ritmo
cardíaco, irritabilidad, nerviosismo, angustia, ataques de pánico,
fobias, más sentimientos de desesperanza, tristeza, y/o furia,
despliegue de actitudes violentas en el trabajo o el hogar.
En estas condiciones las personas deben desarrollar
sus tareas y atender su familia. No hace falta pensar demasiado para
darse cuenta de las dificultades que se presentan. Los resultados
son fallas en las tareas, desmotivación, disminución de la
iniciativa y de la creatividad, un marcado descenso de la
productividad. Estas experiencias cierran el circuito que confirma
de que algo malo nos va a pasar por que ya nos está pasando.
¿Qué sugerimos?
Compartir la situación con los otros.
Habitualmente la reacción es la de aislarse, sufrir a solas (que
tanto nos gusta a los argentinos), aferrarse más cada uno a su tarea
y a sus problemas, hablar del asunto (cuando se habla) solamente en
los pasillos y rumiar cada uno lo suyo.
Desde la dirección de la empresa se debieran
instrumentar espacios de conversación sobre la
situación. Sin temor. Con un moderador o
coordinador se pueden establecer en los distintos niveles espacios
de conversaciones entre pares. La comunicación es la necesidad más
primaria después de la supervivencia. El diálogo y las
conversaciones en las cuales se comparten las emociones y
sensaciones que producen la impotencia a la que nos lleva saber que
la solución no depende de la propia acción, genera alivio. Y el
alivio es muy útil para morigerar los síntomas descriptos. Esta
crisis inédita lo merece. Los argentinos nos merecemos bajar el alto
riesgo humano en nuestros lugares de trabajo.
*Consultor Organizacional - Director de Eduardo Press
Consultores