LA SOLEDAD DEL EJECUTIVO
CONVERSAR: UNA HERRAMIENTA DE GESTIÓN
Dr. Eduardo Press*
El directivo está solo. Piensa, siente molestias
en el cuerpo, no puede dormir, lo asaltan temores, tiene que tomar
decisiones, se demora, sufre. ¿Con quién conversa? ¿De que forma
disminuye su ansiedad y su angustia? ¿Cómo se pone nuevamente
creativo?
Un nuevo cliente con un potencial importante le dice
al gerente general que va a pensar la propuesta y va a contestar en
los próximos días. El gerente general desarrolla en su cabeza los
escenarios posibles según sea la respuesta de su cliente. ¿Con quién
comparte sus ideas, sus sentimientos, sus fantasías, sus ganas, sus
miedos? ¿Con su secretaria, con el gerente de finanzas (un hombre
bastante más joven con bastante menos experiencia), con su mejor
amigo, en su casa?
El presidente de una empresa se despide del presidente
de otra empresa con quién han estado conversando sobre una
posibilidad de acuerdo para desarrollar un proyecto en común. Al
retirarse su visita se queda solo en su oficina. ¿ Con quién
conversa sobre la intimidad de lo que pasa por su cabeza, de sus
sentimientos, de sus sensaciones?
El gerente de producción de la compañía sale de la
reunión semanal de gerentes con el gerente general. Durante la
reunión se dijeron cosas sobre su sector que no sabe si tomarlas
como una colaboración, como un llamado de atención, como una
crítica. ¿Con quién puede conversar sobre lo que le pasa a él mismo
con todo lo que escuchó en dicha reunión? ¿Con su colaborador más
cercano, que juega al tenis con el gerente de finanzas, con su
equipo de trabajo (un grupo de jóvenes recién salidos de la
universidad algunos y otros hace poco ingresados a la empresa)?
La experiencia nos enseña que el número uno, el que
dirige a todos, es el único que no tiene pares, por lo tanto es el
que más dificultades tiene para sostener una conversación en
confianza. ¿con quién lo habla? Con nadie. Queda solo rumiando sus
ideas, sin que haya progreso o variación de las mismas. A veces lo
hace con un amigo, ajeno a la empresa, que lo puede seguir hasta ahí
nomás, porque no le interesa, porque le interesa pero no sabe que
decirle, o porque se siente abrumado por sus propias cosas.
Otros que en los últimos tiempos empiezan a sentir
necesidad de tener a alguien con quién conversar, son los gerentes,
que a diferencia del caso anterior sí tiene pares. Pero muchas veces
los tiene lejos, no solo en espacio, también en tiempo.
Todos tenemos necesidad de conversar con alguien,
después de la subsistencia es la necesidad más primaria. Conversar
proviene del latín y quiere decir “vivir con alguien”. Si carecemos
de ese “vivir con alguien” nos falta una parte muy importante para
nuestra supervivencia.
Muchas conversaciones se evitan por que deben
sostenerse con personas difíciles, personas que quieren imponer su
punto de vista, que no escuchan, que escuchan pero no aportan,
gritan, son agresivos o utilizan lo que escuchan como proyectiles
contra el que habló.
Pero otras se evitan solo por vergüenza, por temor a
ser mal interpretado, a que sea considerado como un signo de
debilidad. Nuestra sociedad es cada vez más deficitaria en las
relaciones sociales, eso se refleja también en la empresa, se
instala la falta de confianza entre unos y otros, entonces tampoco
lo quiere hablar con sus pares. La competencia y la supervivencia
organizacional hace que el débil sea expulsado. No es cobijado y
ayudado, es dejado de lado. La creencia negativa instalada es que
aquél que muestra una necesidad es débil, y si es de conversar
(considerada una actividad devaluada) aún más débil.
Contrariamente a esta creencia la conversación genera
fortaleza, fortalece a las personas y los vínculos, por lo tanto
mejora la organización, le agrega valor.
Al carecer de interlocutores en el presidente de la
empresa, en el gerente general o en los gerentes, se desarrolla un
alto grado de aislamiento, de desconfianza, de bloqueo interno, baja
la productividad intelectual y se entorpece el proceso de toma de
decisiones, entonces el grado de enfermedad organizacional también
es alto.
Sería muy bueno que en las empresas y organizaciones
se abrieran espacios de conversación individuales para los máximos
directivos. Estas conversaciones se pueden pautar, organizar, no
demandan un tiempo y costo excesivo en relación a los beneficios.
Por ejemplo, es muy habitual hacer reuniones para conversar con una
frecuencia semanal o quincenal, de una hora o una hora y cuarto de
duración, que pueden hacerse ya sea en la propia oficina del
directivo (asegurándose que se evitarán interrupciones) o en otro
lugar no “contaminado”.
¿Cuáles son los beneficios? En primer lugar si los
directivos contaran con un profesional para conversar sobre sus
inquietudes se alejarían los fantasmas del aislamiento y la
desconfianza. El aislamiento genera tanto síntomas físicos como
anímicos. Problemas digestivos, cardíacos, nerviosismo, insomnio,
irritabilidad, desesperanza y falta de alegría. Bajo estas
condiciones el directivo debe tomar decisiones en su empresa y
atender su familia. El resultado: demoras en el proceso de toma de
decisiones, disminución de la iniciativa y de la creatividad, bajo
rendimiento, que se transmite al conjunto de la empresa.
Un espacio para la conversación con un profesional
permite compartir las emociones y los sentimientos, disminuir los
síntomas, generar alivio y poner en marcha nuevamente los ciclos
creativos.
* Consultor Organizacional.