COMUNICAR EL CAMBIO, CAMBIAR LA
COMUNICACIÓN
Lic. Lorena Steinberg
Las
distintas experiencias en relación a cambios organizacionales
permiten detectar que, en muchas ocasiones, las empresas enfrentan
estos procesos disociados de estrategias comunicacionales.
Normalmente la falta de alineamiento con la misión,
visión y valores surge del abordaje que se ha efectuado de la
planificación del cambio desde perspectivas individuales o
sectoriales, que desconocen un análisis sistémico. Esta última
concepción implica ver los cambios desde una perspectiva
multidimensional, visualizando y considerando a la organización como
la interrelación de los procesos de gestión y los flujos
comunicacionales, las actitudes, percepciones y los modos en que se
toman las decisiones.
Los procesos de cambio dentro de una organización
implican transformaciones en sus hábitos de conducta. En este
sentido, la función del CEO es fundamental. Constituye la piedra
angular del cambio, ya que es él quien determinará la perspectiva
desde la cual se analizará el mismo.
Tiene que definir y comunicar las causas que motivaron
el cambio, las directrices del mismo, las estrategias y acciones a
seguir, las posibles resistencias a su implementación y su posterior
resolución. Debe decidir y comunicar los valores que privilegiará en
su gestión, valores que deben estar explicitados y que todos los
miembros deberán compartir.
Para poder generar credibilidad en el plan de cambio,
el CEO deberá identificar como se manifiesta la resistencia natural
y esperable a los cambios, el miedo frente a la incertidumbre,
conocer y trabajar con las expectativas de los empleados., para
negociar los nuevos vínculos entre los empleados y la organización.
Esto incide en que el cambio sea percibido como una oportunidad y no
como un conflicto o amenaza.
En términos generales, se podría establecer que
existen distintos umbrales de aceptabilidad y reacciones frente al
cambio: Los que no desean el cambio por estar
conformes con el statu quo. Los que no imaginan en qué los
beneficiará por lo tanto aprueban el cambio pero sólo
intelectualmente. Los que están de acuerdo con el
cambio, pero no aceptan los primeros pasos que hay que
efectuar, por considerarlos traumáticos para los actores
involucrados. Los que aprueban el cambio en su
totalidad.
Cada una de estas posiciones frente al cambio
demandará el diseño de una estrategia comunicacional diferente. En
este proceso es necesario dinamizar los sistemas y los soportes de
comunicación que potencien la fluidez de los canales.
En muchas empresas los valores sólo quedan en una
etapa de definición, como por ejemplo, en carteleras, en un video
que todos observan, pero los miembros no saben cómo traducirlos en
conductas. Es por ello que la comunicación de los valores tiene un
rol fundamental en todo cambio organizacional. Cabe aclarar que
comunicación implica una modificación del comportamiento del otro,
para lo cual debe existir un código común y darle al receptor una
información que sea significativa, para lograr un alto nivel de
entendimiento. Esta comunicación debe responder a la siguiente
consigna: ¿qué puede hacer cada integrante de la compañía
para llevar los valores a la práctica? Este mensaje debe
resolver esta inquietud para que todos los niveles de la
organización puedan visualizar cuáles son las conductas requeridas
para llevar a cabo la materialización de los valores.
Cuando un cambio no es comunicado claramente produce
pérdida de confianza, incertidumbre, entropía, patologías
comunicacionales y una baja de la productividad. Todo cambio solo
podrá concretarse si la organización puede proyectar, a través de
sus valores, la visión que se le propone.