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Crisis, empresas y conocimiento
*Carlos Alberto López
Henry Mintzberg, uno de los más grandes
pensadores de gestión y estrategia empresarial en su libro The
Nature of Managerial Work (La naturaleza de la gerencia) publicado
en el año 1973, describió qué hacen los directivos, cómo lo hacen y
por qué hacen lo que hacen. Entre otros resultados de una extensa
investigación realizada, se lee que las actividades del directivo
tienen como común denominador la brevedad, variedad y la
discontinuidad.
Si bien su labor está llena de
actividades rutinarias, el esquema de gestión que domina su rutina
se enfoca a la acción antes que a la reflexión. Mucha de la
información que llega a él lo hace a través de los contactos
provenientes de una red lo más amplia posible de informantes
internos y externos. Según Mintzberg, el medio de comunicación
preferido por los directivos es el oral, antes que el escrito y
aunque se cree que tienen mucho control, las limitaciones que le
crea su posición hacen que el control sobre su trabajo no sea el
deseado por ellos.
Frente a esta realidad, casi
incuestionable para quienes somos observadores permanentes de las
conductas más habituales de los directivos y empresarios en general,
cabe reflexionar en el marco de una fuerte turbulencia como la
actual (que muchos denominan crisis) sobre la disponibilidad mental
y temporal que tienen para mejorar su actual nivel de toma de
decisiones, en orden a respuestas adecuadas que logren atenuar
y porqué no neutralizar los efectos negativos que la turbulencia
provoca en sus empresas.
Convengamos que las observaciones de
Mintzberg tienen como contexto un paradigma de gestión que
tipifica como cualquier paradigma, ciertas conductas predominantes
en directivos y empresarios y gerentes, que por cierto en nada son
intrínsecas al rol que desempeñan. Simplemente son pautas
transmitidas de generación en generación que demostraron su
practicidad hasta aproximadamente los años 80, cuyos límites no
tardaron en aparecer cuando los mercados cambiaron sustancialmente,
no sólo en cuanto a su dinámica sino fundamentalmente en cuanto a la
importancia creciente que fueron adquiriendo los clientes en
el destino final de las empresas. Incluso se trata de conductas
tipificadas que no encuentran sustento alguno en la variedad de
teorías que sobre management tiene actualmente profusa difusión.
Precisamente en ese paradigma de gestión
tradicional, encontramos que parte de una concepción en la que se
priorizaba el tipo y la cantidad de Producción de las empresas. La
premisa era primero producir y luego vender. El segundo nivel de
importancia lo tenía asignado la Organización; esto es la forma
interna de acomodar todos los recursos disponibles de manera de
asegurar el mayor rendimiento cuantitativo posible a la
producción. Dentro de éste paradigma de gestión tradicional, en
el desempeño del rol de directivos y empresarios en cuanto a
exigencias en materia de conocimientos y a la asignación de
prioridades en el proceso de toma de decisiones, todo lo referido a
la temática que tuviese que ver con los clientes, lógicamente debía
quedar relegada a un después. Los conocimientos los fueron
construyendo en torno al hacer (la actividad productiva de la
empresa) convirtiéndose necesariamente cada uno de ellos en
verdaderos expertos en su rubro. Obviamente que al referirnos a la
actividad productiva incluimos en ella a la tecnología, toda vez que
se trata de la utilización del conjunto de herramientas, equipos,
máquinas, puestos a su servicio. En lo que hace específicamente al
proceso de toma de decisiones, deducimos que la razonabilidad de
postergar la atención hacia los clientes provino de la existencia en
los diferentes mercados de una fuerte demanda, en la que usuarios y
consumidores debían subordinar sus expectativas de satisfacción a
una insuficiente oferta que abarcaba tanto la cantidad y variedad,
como a la calidad de productos y servicios.
En general se vivían momentos de marcada
estabilidad tanto en lo social como en lo económico, sólo
relativizada por algunas contingencias internas de tipo político que
no llegaban a alterar significativamente el funcionamiento del
sistema.
Sin embargo la década de los años 90
trajo consigo -quizá para demasiados empresarios, directivos y
gerentes, un verdadero trago amargo. La globalización que 10 años
antes ya se había instalado en los principales mercados
internacionales también se instaló en el local, y con ella toda una
nueva forma de concebir, organizar y dirigir cualquier empresa, sea
pequeña, mediana o grande. Así, al perderse la tutoría sobre la
porción de mercado que se tenía cautiva, reducirse considerablemente
la demanda, inundarse de nuevos competidores, acortarse el
ciclo de vida de los productos, con la desaparición de gran parte de
las barreras para acceder a tecnología de punta y por lo tanto,
pasar a ser la productividad un requisito de importancia para
sobrevivir en un mercado cada día más exigente, los espacios se
unificaron, el mercado mundial se hizo uno y por ende los sucesos
ocurridos en cualquier lugar del planeta, lo recorren a una
velocidad hasta antes desconocida.
Justamente si hay algo que ya no podemos
discutir es la velocidad del cambio. Y a esto muchos empresarios,
directivos y gerentes, lo dieron en llamar crisis. Se aferran por
consiguiente a seguir percibiendo una realidad totalmente diferente
con la misma visión que utilizaron para aprehender un pasado
cualitativamente distinto. Si hay algo que indudablemente
entró en crisis para las empresas, no es el comportamiento del
mercado, sino el paradigma que utilizan sus responsables para
concebir, organizar y dirigir sus negocios. Paradigma que
básicamente fue diseñado para participar y permanecer en una
realidad o en un mercado, de mayor estabilidad.
En éste contexto el nuevo paradigma que
la realidad actual impone a las empresas, necesariamente debe
comenzar por reconocer el nuevo valor adquirido por el Cliente.
Precisamente si hay un recurso escaso en éste momento, no es otro
que el Cliente. En consecuencia, una vez detectado el target de
mercado el paso siguiente es formularse una nueva forma de
Organización interna tal que asegure que los clientes en su
relación comercial con la empresa, encuentren la satisfacción
que requieren para seguir vinculados a ella. ¿Y por último? Por
último y recién por último, la Producción. Una vez que se sabe
quienes son los clientes, qué, cómo, cuándo y cuánto quieren
comprar, entonces es hora de poner las máquinas en funcionamiento
para producir los satisfactores que satisfagan las expectativas de
compra de aquellos.
Vemos que el nuevo paradigma también
plantea cuestiones más estructurales que el anterior respecto del
conocimiento y del proceso de toma de decisiones. En efecto, en el
paradigma tradicional el nivel de conducción de cada Organización
concentraba las mayores posibilidades de poseer los conocimientos
más calificados sobre la marcha del negocio y sobre la producción.
En general, era un liderazgo que si bien se esmeraba por estar en
todos los detalles operativos y de gestión, su temática se
circunscribía básicamente a las cuestiones de producción, tecnología
y organización en general. Al mercado de clientes le bastaba con
llegar por intuición u "olfato", antes que por información
inteligente. Difícilmente alguien en la empresa pudiese saber más
que él. La fuente de conocimiento provenía desde las generaciones
anteriores y sobre todo, del propio proceso de toma de decisiones
que basado en la prueba de ensayo y error le permitía
perfeccionar y acrecentar un saber que le daba adicionalmente, el
poder de compartirlo a voluntad con aquellos que eligiera. En
síntesis, se trató de una forma de aprendizaje nacido en la práctica
misma y que en buena medida, hasta desestimó conocimientos teóricos.
En estas condiciones muchas empresas
fueron sorprendidas y todavía lo están por la crisis. Esta es la
peor crisis que soportan las empresas; capaz de paralizar a quienes
las dirigen y desde donde nace la incertidumbre que se expresa en el
"no se qué hacer", "no se que pasará"; "no se si funcionará". El
punto es que dado el nivel de complejidad que ha
adquirido el mercado, el paradigma de
gestión que se aplique debe permitir a toda la empresa alcanzar
conocimientos para posteriormente aplicarlos a la planificación de
estrategias, toma de decisiones, y solución de problemas que la
dinámica del mercado impone. Se trata en definitiva de transformar
la experiencia individual (la de quienes dirigen) en experiencia de
todos y esa experiencia, en conocimiento de todos. Luego el
conocimiento de todos, enriquecerá la experiencia en el hacer y esta
a su vez permitirá alcanzar nuevos conocimientos colectivos.
Carlos Alberto López. Lic. en
Sociología. Facultad de Ciencias Sociales.
Universidad Católica de La Plata.
Postgrado: Especialización Docente.
Universidad Católica de La Plata.
Postgrado: Especialización en Ciencia
Política. Facultad de Derecho y
Ciencias Sociales. Universidad Nacional de
La Plata. Ex Docente Universitario
en Carreras de Grado en: Universidad
Católica de La Plata y Universidad
Nacional de La Plata. Subjefe de
Administración de Personal en YPF
(Destilería La Plata). Ex Gerente de
Recursos Humanos en Banco
Municipal de La Plata. Ex Gerente de Marketing
en Banco Municipal de La Plata. Ex
SubGerente de Marketing en Banco
Federal Argentino S. A. Expositor
en la III Conferencia Latinoamericana de
ESOMAR. Tema: “Calidad en Empresas
de Servicio”. (Buenos Aires junio de
1996). Expositor en el Iº Congreso
Argentino de Estrategia. Tema: “La
Estrategia en MiPyMES”. (Buenos
Aires, septiembre de 1999). Expositor en
el 10º Congreso de Economía de la
Provincia de Buenos Aires de CEPBA.
Tema: “Marketing para ONG”. Mar
del Plata noviembre de 1999. Consultor de
Empresas e Instructor de
Capacitación con especialización en: Marketing,
Recursos Humanos, Sistemas de
Calidad y Desarrollo Organizacional.
Instructor de Capacitación en la
Escuela de Negocios de AMBA (Asociación
de Marketing Bancario Argentino).
Consultor e Instructor de Capacitación
en CEPBA (Confederación Económica
de la Provincia de Buenos Aires). Ex
Adjunto en la Cátedra "Cambio
Organizacional", Postgrado de NEGOCIACIÓN
de la Universidad Católica
Argentina. Docente en la Cátedra: “Marketing de
Servicios” en la Carrera de
Comercialización de la Fundación de Altos
Estudios de la Universidad de
Ciencias Sociales y Empresariales (UCES).
Autor de los Libros: “PyMES un
Mercado en Crecimiento” y “La Atención de
Clientes en la Calidad del
Servicio”.
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