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El Cronista Comercial,
19 de marzo de 2004
EL AUTORITARISMO DE LOS
JEFES TIENE COSTOS OCULTOS

Las empresas
prestan poca atención a las actitudes despóticas de los jefes. Sin
embargo, pagan un alto costo en baja de productividad y reclamos
ante los Tribunales
Alejandra R.
Ballester Buenos Aires
Es poca la conciencia
que existe sobre el maltrato laboral: las empresas no prestan
atención al tema y los empleados, muchas veces aferrados a su puesto
por la falta de oportunidades en el mercado, se sienten con pocas
armas para defenderse. Sin embargo, la falta de prevención de estas
situaciones redunda en altos costos ocultos. ‘Ausentismo, accidentes
de trabajo, juicios laborales, desmotivación y rotación elevada son
consecuencia del mal clima generado por el maltrato. Las empresas
deberían prevenirlo”, afirma Eduardo Press, psicólogo organizacionai,
director de Eduardo Press Consultores. Por el contrario, las
compañías en las que se respeta a las personas son más atractivas,
crean vínculos de fidelidad con los empleados y tienen mayor
productividad.
Pero las situaciones de
mal trato a veces son minimizadas y otras naturalizadas: “siempre se
hizo así”, suele ser la explicación. Y no son lo mismo las
agresiones esporádicas que el maltrato, que consiste en actitudes
autoritarias, abiertas y públicas: todo el mundo las nota e
involucran al grupo. Otra cosa es el mobbing, o acoso moral, que es
más intenso, oculto e intencionado, dirigido a una persona a la que
se discrimina o se toma de punto tanto de arriba hacia abajo como a
nivel horizontal.

“El año pasado fuimos
consultados por una empresa para que los ayudáramos a lograr mayor
compromiso de sus gerentes. Encontramos que las instrucciones al
personal se daban en forma autoritaria y había poca paciencia con
los empleados nuevos. La firma tenía unos 5 juicios laborales por
año por que la gente se iba enojada. Una de las consecuencias del
trabajo de mejoramiento del clima laboral fue que terminaron el año
sin ningún juicio”, explica Press. A veces las situaciones de
malestar se generan entre los mismos empleados. En otra empresa,
citada por Press, las emplea das mujeres se sentían incómodas por
los chistes y alusiones sexuales de sus compañeros varones mientras
miraban páginas web pornográficas. Esto había sido comunicado por
una encargada al CEO, que no le había dado importancia. Y el trabajo
se veía complicado por la mala relación en el grupo.
“Las personas que
dirigen la empresa son responsables de atender el factor humano. No
suelen hacer el mismo seguimiento de la Bolsa y lo que pasa con su
gente”, dice Press.
Ernesto Segal adjunto de
la cátedra de Derecho administrativo y procesal del trabajo, de la
UBA, recuerda que la responsable ante la ley es la empresa, no el
jefe que maltrata.
Ante las numerosas
denuncias de enfermeros de clínicas privadas maltratados por sus
jefes, Segal, que es abogado del sindicato, opta por mandar cartas
al CEO. “Los empleados son de la empresa, no del jefe. Muchas
autoridades dicen desconocer lo que sucede”, afirma.
“En la causa Quiroga
contra Telecom, se condenó a la empresa y se hizo una denuncia por
malos tratos generalizados para forzar a los empleados a aceptar un
retiro voluntario, en la época posterior a la privatización”, cuenta
Segal. En general, resulta difícil probar el maltrato en juicio,
porque el jefe que acosa suele hacerlo en privado. No son comunes
casos como el de Wal Mart en 1998, en Córdoba, cuando todas las
empleadas fueron palpadas en un patio porque faltaba dinero. Ante la
falta de pruebas, se esgrimen otras causas: pagos en negro o
incumplimiento de convenio.
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