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Pensamiento lateral en ciencia y tecnología
Por Eitel H. Lauría
Para LA NACION
Cuando se intenta
esbozar los escenarios prospectivos de la ciencia y la tecnología,
las dificultades que se presentan son muy grandes. Por una parte,
existen áreas científicas y tecnológicas con altas tasas de
crecimiento, en las cuales el estancamiento se estima muy improbable
o inconcebible. Entre esas áreas con grandes progresos previsibles,
que en las próximas dos o tres décadas mostrarán avances
impactantes, se puede citar la computación. Se registrarán
considerables progresos en su área tradicional, la microelectrónica
del silicio, pero también emergerán desarrollos revolucionarios en
materia de computación óptica y de computación cuántica.
También se esperan
logros muy importantes, aunque extendidos a todo lo largo del siglo
XXI, en la tecnología espacial, entre cuyas realizaciones más
notables se incluyen la construcción, muy adelantada, de la Estación
Interplanetaria Internacional y la iniciación de la colonización del
sistema solar. En este último tema, son muchos los proyectos,
algunos ya comenzados, cuyo objetivo es el envío de artefactos
espaciales a planetas -Marte, preferentemente-, satélites y
asteroides, con fines de investigación científica o de explotación
de sus recursos naturales.
No obstante, el área en
la que se esperan los progresos más trascendentes es la biología. Se
dice que el siglo XXI será el siglo de la biología y de sus
aplicaciones en bioingeniería. Temas como la ingeniería genética o
la ingeniería de los tejidos biológicos -piel, huesos, cartílagos,
órganos- pueden llegar a tener una significativa gravitación en la
lucha contra las enfermedades y en la duración y calidad de la vida
humana. Buena parte de esos desarrollos se verificará en el nivel de
la nanotecnología, área que incluye una extensa gama de maravillas
ultraminiaturizadas cuyos tamaños, del orden de las dimensiones de
las moléculas, se miden en nanómetros, es decir, en millonésimos de
milímetros.
.
Es oportuno señalar que un ejemplo interesante de nanotecnología es
la ingeniería de proteínas. Con estructuras tridimensionales
complejas, y con cientos o miles de átomos, las proteínas operan en
las células como eficientes máquinas programadas para modificar o
producir moléculas con funciones específicas.
Objetivos actuales de la
ingeniería de proteínas son el desarrollo de marcadores para el
diagnóstico y el de importantes herramientas terapéuticas. No
obstante, en la nanotecnología los pronósticos no son aún
suficientemente firmes.
En la aparición de
principios, hipótesis o teorías científicas novedosas e inesperadas
o de nuevos desarrollos tecnológicos sorpresivos se ubica el núcleo
irreductible de las dificultades halladas para realizar estudios
prospectivos en ciencia y tecnología. Basta para ello examinar la
historia del último siglo.
En el campo de la física
son ya ampliamente conocidas las revolucionarias implicancias que
tuvieron dos teorías formuladas en los primeros años del siglo XX:
la teoría de los cuantos y la teoría de la relatividad. En ese
tiempo, y frente a la existencia de algunos difíciles y enigmáticos
problemas científicos, algunas mentes geniales, entre ellas Max
Planck, Niels Bohr y Albert Einstein, fueron capaces de enunciar
hipótesis y principios imaginativos y absolutamente novedosos, que
modificaron sustancialmente el rumbo de la evolución científica.
En la biología, los
trabajos de Watson y Crick, en 1953, que describieron en detalle la
estructura en doble hélice del ácido desoxirribonucleico (ADN),
portador del código genético, constituyeron también un hecho
altamente novedoso a partir del cual la biología evolucionó
impetuosamente, con promesas de avances espectaculares, no fáciles
de vaticinar.
.
Por otra parte, anticipar los sucesos y desarrollos futuros en el
campo tecnológico es una empresa difícil, porque hay sucesos
inimaginables. Así, por ejemplo, nadie pudo sospechar que la
medición de la masa y la carga del electrón por el físico británico
J. J. Thomson, en Cambridge, en los últimos años del siglo XIX,
daría lugar a una tecnología que no tenía antecedentes: la
electrónica.
En efecto, se trata de
una tecnología inédita, que no se aplica ni a la materia ni a la
energía, sino que permite sustantivar un concepto inmaterial: la
información. A partir del surgimiento de la electrónica -y nadie
pudo sospecharlo antes- fue posible incorporar a todas las áreas de
la tecnología existente nuevas funciones de comunicación, medición,
control y cálculo en una escala y con una precisión, velocidad y
confiabilidad sin precedente.
.
El caso de la electrónica es paradigmático, aunque con ella no se
agotan los ejemplos de desarrollos tecnológicos sorpresivos,
cargados de consecuencias importantísimas, tal como sucedió, por
ejemplo, en la aviación, la ingeniería óptica y la creación de
nuevos materiales.
.
Los ejemplos antes citados indican que la creación, en el caso de la
ciencia y la tecnología, es un proceso no determinista y altamente
no lineal, en el cual cumplen
un papel decisivo la intuición y el pensamiento lateral, con
ocasionales aportes de
la ciencia ficción. En palabras del físico inglés Freeman Dyson: "La
ciencia es mi
territorio, pero la ciencia ficción es el paisaje de mis sueños".
Dyson dice compartir con los escritores de ciencia ficción el
pensamiento lateral, por recorrer caminos no directos, en busca de
escenarios futuros, casi nunca justificados en sus detalles, sino en
sus concepciones intuitivas mayores.
En síntesis, el papel
protagónico en el surgimiento de hechos sorpresivos, inesperados y
revolucionarios en ciencia y tecnología, lo desempeña la
creatividad. En palabras de Max F. Perutz, premio Nobel de Química
1962, "la creatividad en la ciencia, como en el arte, no puede
organizarse. Surge espontáneamente del talento individual. Los
laboratorios bien manejados pueden darle acogida, pero la
organización jerárquica, las reglas burocráticas y montañas de
papeleo inútil pueden matarla. Los descubrimientos no pueden
planearse: aparecen en rincones inesperados".
El autor es miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del
consejo
académico del Instituto Tecnológico de Buenos Aires.
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