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La sucesión en las
empresas familiares
Todo
sea por la familia unita
Publicado en El
Economista.
Buenos Aires, 14 de mayo
de 2004
Escribe: JUAN CATUB
La falta de planificación lleva a la desaparición de 70% de las
empresas familiares argentinas. Por falta de capacitación, o de
vocación de parte de los hijos, el recambio generacional suele ser
anárquico.
Suele haber un tema
recurrente en las empresas familiares: “Los menores (hijos) piensan
que los mayores (fundadores) deben dejar el espacio por que ya
cumplieron su ciclo; y los mayores, creen que los hijos todavía no
están preparados para dirigir la compañía”, dice Eduardo Press,
psicólogo organizacional.
La sucesión en las
empresas familiares suele ser caótica. ¿Cómo darle continuidad a un
negocio que es nada menos que el sustento de toda la familia? Las
estadísticas hablan por sí so las: 60% de las firmas no sobre vive a
la segunda generación, y 85% no llega a la tercera; lo que muestra
una problemática muy seria que, según los especialistas, se debe a
la falta de planificación.
No es un tema menor: 60%
de los puestos de trabajo en la Argentina pertenecen a las empresas
familiares, y 80% de las PyMES se autodefinen como familiares.
Según datos del
Observatorio Permanente de PYMJ (Pequeñas y Medianas Empresas
Industriales), 90% de ellas dirige sus ventas al mercado interno y
el 10% restante al externo. Generan cerca deI 40% del PIB.
“Un plan de sucesión
puede llevar de 3 a 10 años, período en el que hay que capacitar a
los sucesores. El problema es que a los fundadores no les gusta
capacitar a sus hijos, por eso nosotros recomendamos que esa fase de
preparación y delegación esté a cargo de otra persona”, dice Roberto
Kertesz, director del Instituto Argentino de Empresas Familiares, y
aconseja que cuando el fundador decide irse, él también tiene que
hacer su plan de retiro.
“Si no hay plan, es un
caos. Sin preparación previa ese desorden después se transmite para
la tercera generación que la toma como modelo a seguir, agrega
Kertesz.
Para Press, la
herramienta más eficaz para evitar transiciones traumáticas es la
conversación.
“Cuanto más temprano se
comienza a hablar de las funciones de cada uno; de la sucesión, de
la metodología para tomar decisiones y resolver problemas, más
afinados serán los resultados”, asegura el psicólogo.
Afectos y dinero
Los conflictos suelen
aparecer cuando la organización se desarrolla, y permite la
incorporación de nuevos miembros de la familia. Allí aumentan los
vínculos a nivel de dirección lo que genera mayores posibilidades de
conflictos.
Hay matices. “No es lo
mismo una empresa con un único dueño a la que se agrega después
algún hijo, que si está formada por hermanos donde todos incorporan
a sus descendientes. O, por otro lado, si los herederos no son de la
línea de sangre, como cuñados o yernos”, analiza Press.
Según la consultora
Estela Pereyra Baker, tiene mucho que ver la personalidad de quien
comanda la empresa; su estilo de vida repercute de la misma manera
dentro de la empresa.. “Hay personalidades abiertas que favorecen la
transición —dice Pereyra Baker—, (los denomina “nutritivos”), que
permiten otras opiniones, y no recelan los títulos universitarios de
sus hijos; atraen lo bueno que viene de afuera”.
La mezcla de afectos y
dinero influye en el momento de decidir quién quedará al mando. Hay
casos en los que los padres funda dores cometen el error de guiar-
se por criterios emotivos y no eligen al hijo más capacitado para
las cuestiones administrativas.
“También hay posiciones
extremas: dicen ‘esto es mío’, y no les importa que sean los hijos
los que pugnan por incorporarse”, añade Pereyra Baker.
¿Qué factores conspiran
contra el traspaso de mando? “En muchos casos es el padre fundador
el que no se quiere ir. La mayor expectativa y calidad de vida de
hoy hace que haya personas en plenitud en edades en las que antes se
retiraban”, apunta Press, y agrega que el sentimiento predominante
en los fundadores es el miedo a estar desprotegidos económicamente
en el futuro si no están al frente de la empresa; “no quieren
depender de sus hijos, no quieren perder la capacidad de decidir
sobre sus vidas”.
De estos asuntos no se
habla ni en la empresa ni en la casa. “A veces —sigue Press— es por
la injerencia de las mujeres de la familia (que están habitualmente
en una segunda línea) que estos temas aparecen y se pueden tratar”.
Por otra parte, Kertesz
dice que en las empresas familiares convergen dos sistemas
diferentes: el de la familia, cuyos valores son los afectos,
protección y solidaridad, y el sistema empresario, que se sostiene
en la eficacia, productividad y lucro.
“Estos dos sistemas
sociales están superpuestos y es normal que surjan conflictos entre
ellos. Los conflictos se resuelven con comunicación efectiva, donde
las malas partes pueden ganar”, advierte el especialista.
¿Quién debe mediar en la
transición? “Generalmente es el contador—considera Kertesz— el que
interviene para coordinar las posiciones, pero cuando esta
posibilidad se descarta, la familia tiene que superar. en soledad
las dificultades”.
“La transferencia
comienza con la delegación del poder. Cuando los hijos ingresan a
las empresas algunos fundadores se niegan a delegarles el mando, y
esto se reproduce en la relación de familia”, indica.
Kertesz justifica que a
veces los hijos permanecen en la empresa por el sueldo que reciben,
pero que no tienen vocación empresaria. Por eso recomienda que estos
deban primero hacer su experiencia fuera de la compañía, y luego
incorporar estos conocimientos a la empresa familiar.
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