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CONFLICTOS: CUANDO EL MAL HUMOR SE INSTALA EN LA OFICINA |
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Factores como la inestabilidad, los bajos
salarios y una recarga en las tareas diarias afectan el buen clima laboral y
obligan a las empresas a buscar ayuda externa Noticias de Empleos – La Nación Domingo 16 de enero de
2005 | Publicado en edición impresa |
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Sherk o La sirenita.
Tarde de lluvia. Mateo, de 7 años, y Belén, de 5, no se ponen de acuerdo en
la película que irá a parar dentro de la videograbadora. La discusión sube de
tono cuando aparece Lucía, la hermana mayor, y reclama por Bandana. Hasta que al unísono gritan el famoso "maaa" para resolver el trance. Salvando las
distancias, por supuesto, ¿cuántas veces se repite esta menuda imagen
hogareña en la escena laboral? La resolución de desacuerdos menores, en
medio del afanoso vértigo cotidiano, se sabe, es moneda corriente. Pero en la
difícil convivencia laboral, como en otros ámbitos, también surgen conflictos
profundos entre los colaboradores que al prolongarse alteran tanto el clima
de trabajo que, además de lesionar el bienestar de sus protagonistas,
terminan perjudicando la eficiencia y la productividad. Circunstancia que,
según los expertos, se agudizó en este último tiempo. "Ante la inestabilidad laboral, los
haberes jubilatorios inciertos, las reducciones de personal, el aumento de la
carga de tareas y los salarios insatisfactorios se acrecienta el malestar
entre los empleados. Por otro lado, las empresas latinoamericanas deben
enfrentar mercados que se achican, dificultades para planificar a largo plazo
o para hacer los cobros. Entonces, este contexto hostil ya predispone un
terreno apto para los conflictos", advierte Abel Cortese,
investigador. Los ecos de la crisis, coincide Eduardo
Press, titular de la consultora homónima y director de la Escuela Argentina
de Psicología Organizacional, aún impactan en la atmósfera laboral:
"Aunque últimamente se percibe cierta ilusión otra vez, las
organizaciones no permanecen ajenas a lo que pasa en la sociedad: gente mal
humorada que salta por cualquier cosa". Además de esta carga extra, la delicada
convivencia en extensas jornadas laborales con gente que, como los parientes
políticos, no se elige, también suma lo suyo. Y todo se dificulta más, según Cortese, porque "la realidad de una organización es
muy compleja, implica la competencia y la cooperación al mismo tiempo.
Entonces, los conflictos se mueven en ese difícil equilibrio entre los
colaboradores. Si hay desequilibrio, si en vez de competir se rivaliza, el
conflicto se transforma en una lucha de poder y eso puede producir secuelas
graves". Así, los ruidos en la comunicación, las
diferencias encarnizadas de intereses entre ejecutivos o sectores de la
organización, las competencias desleales entre compañeros, un liderazgo
inadecuado, indicaciones ambiguas, decisiones que provocan sentimientos de
injusticia, entre otras vallas que sorteadas a tiempo podrían resolverse
prontamente, al agudizarse pueden alcanzar costos impensados. Costos ocultos "Las situaciones conflictivas tienen
un costo oculto que no aparece en los balances de la organización; gastos que
en lugar de estar puesto en temas creativos y productivos se
desaprovechan", precisa Press. "Por ejemplo, cuando por rivalidad se
retacea información se pierde energía, tiempo y papelería buscando un dato
que tal vez el otro lo tiene en el escritorio de al lado", ejemplifica. Si las posibilidades de solución intramuros se agotan, la intervención de un especialista
que ayude a superar la situación, como en la anécdota de los hermanitos
cinéfilos, es una salida oportuna. "Cada vez nos consultan más desde los
departamentos de Recursos Humanos y esto señala que las empresas están
interesadas en favorecer un buen clima de trabajo. No sólo les interesa
negociar bien puertas afuera, con sus clientes o proveedores, sino, también,
que lo puedan hacer sus empleados puertas adentro. En el nivel jerárquico,
por ejemplo, los líderes están buscando la mejor manera de persuadir, más
allá del poder. Porque si bien están habilitados para dar órdenes, se
advierte que buscan nuevas metodologías para convencer mejor. Y como
persuadir es negociar, nos convocan para mejorar la convivencia interna,
sobre todo entre sectores", explica Gustavo Biasatti,
de CMI International Group.
Se trata de una consultora especializada en aplicar el método de negociación
creado en la Universidad de Harvard, que apunta a que las partes negociantes
acuerden resultados satisfactorios para ambas, teniendo como norte las
relaciones proyectadas en el largo plazo. "Los problemas menores que no se
atienden a tiempo provocan situaciones conflictivas mucho más difíciles de
resolver. Y usualmente, cuando las organizaciones piden ayuda, lo hacen
cuando ya existen confrontaciones muy significativas entre referentes de
áreas, que dificultan el avance de proyectos y el trabajo cotidiano",
ejemplifica Press. "Y lo más espinoso es cuando hay que ponerse de
acuerdo no en ideas, sino en intereses; allí la lucha puede ser encarnizada
porque todos quieren la misma porción de la torta", acota Cortese. Belén, Lucía y Mateo, en vez de mirar una
película, alentados por la mamá disfrutaron con juegos de mesa, porque la
cuestión, al fin, era entretenerse. Con las salvedades del caso, en la
oficina, con la asistencia de especialistas y de empleados dispuestos a
resolver conflictos que parecen infranqueables, sin duda, aumentan las
posibilidades de encontrar soluciones creativas, aunque haya que hacer un
esfuerzo, claro. Y si bien existen realidades conflictivas
que no pueden modificarse radicalmente, sí se puede cambiar la mirada y
encontrar mejores maneras de afrontarlas. "Si tengo sólo un destornillador
-afirma Press-, cualquier cosa que no sea un tornillo va a representar un problema.
Entonces es importante adquirir otras herramientas: deshacerse de prejuicios,
cambiar el enfoque, ponerse en el lugar del otro. El arte de descubrir no es
encontrar cosas nuevas, sino mirar con ojos nuevos." |
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Raquel Saralegui |
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Soluciones conversadas
La solución de
los conflictos exige esfuerzos y energía. Según los especialistas, una franca
comunicación siempre es una buena herramienta. "Lo aconsejable es no dejar pasar el
tiempo, comunicarse oportunamente, hacerse entender, evitar reacciones desmedidas.
A veces es preferible agachar un poco la cabeza y en vez de decirle al otro
"me estás mintiendo", decirle "tengo la sensación de que no
está siendo sincero o no me estás diciendo la verdad", recomienda Biasatti. "Abrir espacios de conversación es
fundamental. El camino hacia la solución es un proceso donde los involucrados
van tomado conciencia de la realidad, cambiando sus percepciones para
superarlas creativamente", afirma Press. "Muchos conflictos surgen porque no se
comprende al otro. Y para comprenderlo hay que lograr empatía, que es la
capacidad de escuchar con la mente abierta, sin creer que lo que yo necesito
es lo que el otro necesita", concluye Cortese.
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