NOVEDADES BIBLIOGRAFICAS

Las empresas y los sistemas vivos
(por Adolfo Jarrín)

 

 

En el mundo de las instituciones, las empresas con fines de lucro son prácticamente unas recién llegadas. Con una historia que se remonta a aproximadamente 500 años, estas organizaciones no han ocupado sino un mínimo espacio de tiempo de lo que constituye el camino que ha recorrido la humanidad en su proceso de desarrollo. Cuando consideramos que al llevarla a una escala anual, la historia de nuestro universo tiene 375 años contenidos en un segundo, no dejamos de asombrarnos ante los extraordinarios logros y avances que como humanidad hemos tenido en el “último segundo”.


En ese período de tiempo y como creadoras de riqueza económica a través de la producción de bienes para hacer la vida más cómoda y civilizada, han tenido un éxito extraordinario. Como hemos visto en artículos anteriores, las corporaciones definen hoy la manera como nos alimentamos, vestimos, nos comunicamos, trasportamos e inclusive como nos divertimos y cuidamos nuestra salud. Su impacto en la forma de vida ha sido abrumador, convirtiéndose de hecho en las organizaciones que tal vez mayor impacto han tenido en moldear la cultura contemporánea. Cualquier intención de discernir el futuro, no hace sino reforzar la importancia que las mismas tendrán para el desarrollo de la humanidad.

Sin embargo, a la luz de sus capacidades internas, estas organizaciones han operado consistentemente muy por debajo de su potencial y ciertamente muchas de ellas han sido un fracaso. Basta con evaluar la “mortalidad” de las empresas para descubrir que en el caso de muchas multinacionales que se listan en el Fortune 500, las expectativas de vida de estas organizaciones está entre 40 y 50 años, es decir sensiblemente por debajo de la expectativa de vida promedio de la gente en la gran mayoría de los países. Una tercera parte de las compañías que aparecían en la lista arriba mencionada en el año 1970, habían dejado de existir para 1983, por haber sido adquiridas, fusionadas o simplemente declaradas en quiebra.


Siendo entonces que la expectativa de vida promedio de las personas pudiera estar en los 75 años, cabe la pregunta de porqué las organizaciones tienen una vida relativamente tan corta. Creciente evidencia y el desarrollo de las ciencias sociales, desde la antropología hasta la psicología transpersonal, sugieren que una razón de mucho peso es la visión predominantemente mecanicista de la organización, mientras que sin duda alguna las mismas son sistemas vivos. Esta diferencia tiene un tremendo impacto en los modelos de gestión y por tanto en la salud de las mismas.


Entremos en algunas consideraciones al respecto, con la única intención de sembrar una inquietud que pudiera llevarnos a profundizar en un tema apasionante y tan revolucionario, que se está convirtiendo ya en un nuevo modelo de gestión gerencial.


Al igual que las personas con baja expectativa de vida, las corporaciones sufren de un problema de vitalidad que surge de una salud en detrimento. Es decir, en muchas ocasiones nuestra gerencia no está en capacidad de ver el deterioro interno de la corporación que inevitablemente la llevará a una desaparición temprana. Experimentamos un problema de salud corporativa cuando se sufren de altos niveles de stress, cuando nos desgastamos en las batallas de poder y control, cuando el cinismo y la resignación se apoderan de los trabajadores y por tanto se produce una brecha entre lo que somos y el como actuamos, para sobrevivir en ese ambiente. Bajo esta situación la cultura de trabajo inevitablemente se vuelve tóxica y nos lleva lentamente a un proceso de inanición y por tanto desaparición en el futuro. La cultura organizacional pudiera ser comparada con el estado emocional en las personas.


Bajo este enfoque, ¿cual es la diferencia entre ver a las organizaciones de la manera tradicional: una máquina para hacer dinero para los accionistas, versus el entender que las organizaciones son sistemas vivos?. Construyamos algunas ideas al respecto:

Una máquina existe para un propósito definido por su diseñador, lo cual es el esquema subyacente de las organizaciones: han sido diseñadas para producir dinero. Pero los sistemas vivos tienen sus propios propósitos y no les pueden ser impuestos. ¿Que ocurre con la energía del organismo cuando no puede alcanzar su propósito? Adicionalmente de la misma forma que nosotros nos alimentamos para sobrevivir pero tenemos un fin último superior, la creación de riqueza económica de las empresas es una obligación mas que un propósito per sé, no entenderlo así, difícilmente podrá crear el ambiente necesario para obtener lo mejor del extraordinario potencial de la gente. De manera increíble sin embargo, la mayoría de las organizaciones todavía hoy sienten que su principal misión es hacer dinero. Despertemos, la riqueza y el éxito en el tiempo, siempre serán la consecuencia de una visión y gestión inspiradora, la causa que energiza y da vida a un organismo es siempre un motivo trascendente. Si usted no tiene un sueño, su energía vital será baja, de igual forma, si las organizaciones no tienen una visión inspiradora, su fuerza motriz estará adormecida.


Para que una máquina sea efectiva, la misma ha de poder ser controlada por sus operadores. Bajo este enfoque residen las estructuras jerárquicas y la gestión de comando y control de las organizaciones. “Operamos” las mismas, diciendo lo que la gente ha de cumplir y lo que tiene que hacer. Esperamos un cumplimiento casi ciego a las normas diseñadas y escritas en los manuales.


En los sistemas vivos, no se funciona siguiendo órdenes de terceros, sino cumpliendo un patrón de vida, que nace de decisiones propias en el caso de los humanos, las cuales están basadas en los valores individuales, o se viene totalmente programado para obrar de una forma determinada como en el caso del mundo animal. Si alguien tiene duda de esto, pregúntele a quien tiene hijos si la jerarquía paterna o materna, el comando y el control que se materializa en las órdenes que damos, ha modificado de manera permanente actitudes y comportamientos no deseados de nuestros hijos. Los líderes han de inspirar y modelar el comportamiento buscado, no simplemente esperar que se cumplan las normas.


El concepto de una máquina es que alguien desde afuera la diseñó. Tal como ocurre en el mundo empresarial, es un pequeño grupo el que “concibe” la misma. Y es otro grupo, pequeño también, el que crea las normas, políticas y procedimientos. Por el contrario, los sistemas vivos crean sus propios procesos de control y evolución.


La visión mecanicista de las empresas implica que la misma ha de ser reconstruida de tiempo en tiempo. Por el contrario, los sistemas vivos se van auto actualizando con la identidad propia de sus integrantes y en función de las adecuaciones que demanda el entorno. Es un proceso interno, no externo.


Las organizaciones vistas como máquinas han de ser estáticas a no ser que alguien las cambie. Los sistemas vivos se adaptan y evolucionan de manera natural.

De hecho y por último, las máquinas no aprenden…los sistemas vivos sí. ¿Será necesaria la capacidad de aprender, adaptarse y evolucionar para el desempeño de cualquier organización?

Las máquinas carecen de emociones y espíritu. El ser más importante de la creación, usted que ahora lee estas líneas, vive, se desarrolla y obtiene su energía vital del alma. ¿Puede usted alcanzar su realización, llegar a su pleno potencial, en fin llenar su propia vida y la de los demás cuando es visto como una mera pieza de una máquina?


¿Podrán las organizaciones continuar viviendo una vida corta o estamos listos ya para una extraordinaria aventura, la de evolucionar a un modelo de gestión distinto y abarcador, en el cual las empresas no ofrezcan “trabajo”, sino un modo de desarrollarnos hasta el pleno potencial?


Este cambio de paradigma, de visión y de concepción de la forma como gerenciamos las organizaciones, viene a formar parte de esa nueva era que ya se está presentando en las sociedades: la era de la conciencia. En ésta, el humano es el centro de la gestión. Entendemos que el fin último de las organizaciones ha de ser algo trascendente para la sociedad y que la forma de lograrlo es motivando lo mejor de cada trabajador, para que identificados con la visión, misión y valores de la empresa, continúen desarrollándose personal y profesionalmente, dando lo mejor de sí de manera creciente y continua. Si logramos esto, sin duda la creación de riqueza económica se maximizará y habremos comenzado también a crear verdadero valor social, para tener individuos plenos, organizaciones exitosas y duraderas, y sociedades sustentables.

 

Publicado en www.degerencia.com

 

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